martes, 23 de febrero de 2010

Las apariencias engañan

Un Nero aguardaba la llegada de su amigo en la estación de agasajos de la calle Plotas, la zona mas urbana de la campiña. Mientras tomaba un té de jazmines observaba a cada ser que ingresaba. Un Begonia entró a comprar pilas para su walkman y se dejó tentar por un chocolate. Tenia una envoltura de colores vivaces: rojo, amarillo y tipografía turquesa. El Nero advertía que cada uno de los que entraba a comprar cigarrillos, bebidas o tarjetas de teléfono, terminaba captando alguna golosina, en especial aquélla tan colorida.

Venían en parejas, en grupos de amigos y en familia. Algunos con necesidades específicas, otros sin saber que llevar, pero ninguno podía resistirse a aquellos chocolates, expuestos en forma de pirámide. Él salivaba por la tentación y sentía una borrasca en el estómago. Se levantó del asiento, tomo la golosina y la pagó. Abrió la envoltura y de a poco empezó a comerla. Al probarlo el paladar le quedo pringoso y el maní estaba tan duro que tenía miedo de romperse algún tajante (diente). Dejó el chocolate y se fue escéptico.

Amenaza para el pueblo neroide

Los begonias superan a los neros en sabiduría, conciencia y planificación. Los neros sobresalen por su alegría, caridad y diversión; saben como pasarla bien con poco y su mayor anhelo es que llegue pronto el fin de semana para jugar a las carreras de embolsados, al elástico y recoger flores de los montes trujin. Las begonias odian los momentos de esparcimiento, piensan que es tiempo perdido, así que se quedan en sus casas leyendo sobre ciencia, durmiendo o se juntan en el templo a lamentarse por las malas cosechas.

El último domingo, los begonias se auto convocaron en el santuario cosruhin para planificar la ocupación de tierras neroides. Hasta el momento, se habían manejado con armas pacíficas: el apoyo, la confianza y la solidaridad. Pensaban que, ante la ingenuidad de los neros, podrán acercarse a ellos y concebirse amigos para luego tomar el poder y ejercer el dominio total sobre los neros. Algunos delegados del Kaisel (líder begoniano) propusieron ejercer la violencia física, ya que la estrategia psicológica no había surtido efecto. Algunos estaban de acuerdo con la decisión, otros no. Con el fin de tener una decisión mas consensuada, se convocó a una asamblea colectiva. La respuesta favoreció a la guerrilla ya que 82% se sometió al si. El terror había comenzado...

El begonia es desconfiado, siempre piensa que le están tapando algo, será porque ellos son muy patrañeros. Los neros en cambio, son seres transparentes e ingenuos. Y a pesar de que esta claro para ambas comunidades que desde hace un tiempo los begonias quieren colonizar la comunidad neroide, aun así los begonias temen que sus contrincantes tengan un haz reservado bajo la manga y que sean ellos los que intenten dominarlos. Pero los neros serían incapaces de tal peripecia.


El begonia es desconfiado, siempre piensa que le están tapando algo, será porque ellos son muy patrañeros. Los neros en cambio, son seres transparentes e ingenuos. Y a pesar de que esta claro para ambas comunidades que desde hace un tiempo los begonias quieren colonizar la comunidad neroide, aun así los begonias temen que sus contrincantes tengan un haz reservado bajo la manga y que sean ellos los que intenten dominarlos. Pero los neros serían incapaces de tal peripecia.

Los Neros y el funeral

Cuando un nero muere, es una fiesta. Colocan su cuerpo en la niara, aquél lugar donde el difunto reposa durante cuatro días para que su alma se desprenda plenamente de su cuerpo y luego lo queman. Este ritual es porque su neocultura señala que, una vez que el cuerpo se desprende del alma, este pasa a ser una molestia y hasta muchas veces podría resultar peligrosa su presencia. Pasados esos cuatro días ya se puede decir que el nero falleció realmente. Esa noche hacen una fiesta donde comen y toman cuantiosamente, mientras sortean los tajantes del muerto. Las cenizas son colocadas en los mauseleos, unos cofres de madera terciada adornada con flores de jazmín (la flor oficial neroide), dichos cofres se hallan en las entradas de las campiñas que suelen habitar. Cada vez que los neros se desplazan hacia otra sitio, toman el mausoleo que contiene a su ser querido y lo trasladan sin apartarse de ellos. Mientras tanto, las almas de los extintos conviven entre las comunidades, solo que los mortales no los ven. Ellos no creen en la existencia de ningún ser supremo, no profesan religión de ningún tipo. Solo confían en que en pocos años, entre la misma comunidad nacerá el jetsuga, aquél nero que va a salvarlos de sus dolencias, luchando para que las generaciones venideras no tengan que trabajar, y puedan disfrutar de la naturaleza, fumar alcaloides, tomar sus infusiones y observar los matices del arco iris. Para ellos el trabajo es una degradación, que si no se detiene en poco tiempo, va a desencadenar en la extinción de su especie. Por eso no lloran cuando un ser querido muere, al contrario, festejan a lo grande, puesto que las almas no trabajan.